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Salir o no salir. De la paranoia a la Omnipotencia


Es evidente que estos tres últimos meses de confinamiento han sido un cambio importante para la vida de todos, en donde hemos tenido que adaptarnos a un modo completamente distinto de vida, incluso escuchamos ahora sobre “la nueva normalidad”, que de normal tiene poco, ya que todo se encuentra atravesado en función a una pandemia.


Para algunos este cambio ha traído muchas cosas positivas, se dieron cuenta que eran más flexibles , más creativos o más fuertes de lo que pensaban, han aprendido a convivir de cerca con los que viven y de lejos con los que convivían antes, o incluso con ellos mismos.


Para otros este ha sido un periodo regresivo , en donde han vuelto a estar en contacto con ansiedades y conflictos que creían haber superado, o los han confrontado de cerca sus propios demonios y anteriores decisiones. Algunos otros o han tenido muchas pérdidas, sin poderle dar siquiera un cierre adecuado.


Unos comienzan a salir de sus casas sin importarles el virus, otros más bien prefieren ya no tener que volver a salir nunca más a la calle y algunos otros se encuentran sin saber que hacer al respecto. Sin embargo lo que es evidente, es que todos reaccionamos de maneras distintas ante una crisis, empleamos mecanismos emocionales de defensa, que si los usamos en exceso pueden llegar a poner en riesgo tanto nuestra salud física como la mental.


Estos mecanismos de lo primero que nos hacen, es dividir entre bueno y malo, así todo lo malo se convierte en algo que nos persigue, que nos da miedo y que nos angustia, esta es la paranoia. La paranoia es solo un mecanismo, necesario en cierta medida porque nos protege al tener conciencia de la realidad amenazante que realmente esta ocurriendo; al comenzar la pandemia fue normal que incrementara en todos nosotros, nuestra paranoia de quedar contagiados, es por ello que la palabra ansiedad comenzó a estar en boca de todos, ya que esta es una respuesta clara frente a cualquier amenaza; sin embargo si nos preocupamos en exceso lo único que vamos a generar es un estado constante de malestar y angustia, incluso podemos hasta llegar presentar síntomas, como la opresión en el pecho que se deben a la ansiedad y fácilmente se pueden confundir con los del COVID-19 , al igual que nuestro cuerpo se encuentra en mayor predisposición a enfermar cuando estamos preocupados .


Por el lado de lo bueno, tendemos a idealizar las situaciones que nos han sido placenteras, que en estos momentos se traducen como lo que tanto hemos venido extrañando, el salir, el convivir con los otros o el regresar a las condiciones anteriores de trabajo y comienzan a abrirse como una posibilidad; es entonces cuando negamos por completo las partes malas que estas pudieran llegar a tener actuando con omnipotencia, es decir nos olvidamos de pronto de que algo nos puede llegar a pasar.


A todo esto se suma el fenómeno de los medios y de la manipulación gubernamental, que en estos tiempos es fácil de observar, el influjo directo que llegan a tener en nuestras vidas. Nos dan una alerta naranja que sigue siendo roja, pero unos tonos más claro? ¿Y que significa eso? ¿Que el virus sigue y que hagamos nuestro propio juicio?¿Que no sabemos si es peor la crisis económica o la muerte?


Entonces el resultado es que cada quien termina interpretando la realidad bajo su propio juicio, con su sistema de creencias personales, sus estrategias emocionales debilitadas e incluso sus niveles de preocupación en cuanto al contagio de los otros.


El riesgo puede llegar a ser muy grande, porque no hay ninguna una guía que nos de normatividad, claridad o cifras reales frente a nuestra fantasía. Entonces tendremos que habérnoslas nosotros solos, con nuestra tolerancia a la frustración, nuestra madurez y nuestra capacidad de saber cuidarnos aún sin guía.

La realidad es que aún ninguna cifra nos ha dado una luz verde clara para salir a la calle, pero hace ya mucho tiempo que dejamos de creerle a las cifras, por lo que fácilmente podemos terminar dándole un mayor peso a lo que sentimos.


Hay que seguirnos cuidando tanto del virus como de nosotros mismos.






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