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Terapia en línea ¿Si o No? El psicoanálisis después de la pandemia.

Hace dos años, comenzó a nivel mundial la circunstancia inédita de que fuimos declarados en pandemia y junto con ello el encierro y el cambio radical de todas nuestras formas de vida, principalmente en lo que refiere a la interacción social, debido a que nos vimos obligados al aislamiento; esto hizo que inevitablemente los trabajos y las escuelas emigraran a la modalidad remota y por supuesto el psicoanálisis no fue la excepción.


En un inicio la incertidumbre de que pasaría con nuestros trabajos estaba presente en todos, narrando un poco desde mi experiencia en la clínica, recuerdo que la gran mayoría de mis pacientes suspendieron sus tratamientos, mencionando que retomarían su análisis una vez pasada la pandemia, en sus mentes y en la mía creímos que no se trataría de más de cuarenta días; Otros, fueron los que me propusieron a mi tener las sesiones a distancia, ya que yo aun ni siquiera tenía claro cómo iba a funcionar esta modalidad, pero sin pensarlo mucho acepte el reto.


Algunos eligieron utilizar la plataforma de zoom y otros prefirieron optar por la vía telefónica para tener las sesiones.; al mismo tiempo, yo también tuve que modificar mi vida, ya que mi análisis, mis supervisiones y mis clases como candidato en formación, también se vieron obligadas a ser a distancia, cuestión que en parte me dio la seguridad de que esto podía lograrse y podíamos seguir trabajando.


Lo fuimos haciendo todo sobre la marcha y a los pocos meses descubrimos que, a pesar de las dificultades de adaptarnos a esta nueva forma de trabajo, como no contar con el lenguaje corporal, la presencia física del otro o los problemas de conexión, se podía seguir llevando a cabo el psicoanálisis a distancia, sin verse afectadas las bases de la asociación libre, la atención flotante, la transferencia, la contratransferencia, la posibilidad de interpretar y que esto tuviera el mismo efecto transformador.


El psicoanálisis a distancia comenzó a practicarse desde la década de los 90s, la razón más frecuente para comenzar un tratamiento telefónico o a distancia era evitar su interrupción, sea por un cambio de domicilio, una enfermedad o un evento traumático; el doctor Ricardo Carlino, a la par que otros psicoanalistas como Zalusky (1998) y Leffert (2001), comenzaron la práctica del psicoanálisis a distancia y por ende también empezaron a desarrollar este tema.


El gran descubrimiento que nos ha dejado la pandemia, es que muchísimas actividades que creímos que sería imposible realizar a distancia, hoy en día vemos que son posibles y que además el llevarlas a cabo sin la necesidad de acudir obligatoriamente a un sitio, permite mejorar en gran medida la calidad de vida de las personas. Primeramente, el no ser necesario trasladarse, ahorra tiempo que anteriormente se perdía en las distancias y en el tráfico, es más económico, no se tiene que invertir en la movilidad y en general termina requiriéndose un menor gasto de energía al tener cualquier tipo de encuentro social.


Muchas personas acudieron en busca de un tratamiento durante la pandemia, debido a que hubo un cambio radical en cuanto a las formas que anteriormente teníamos para relacionarnos, acercarnos o distanciarnos y tramitar los afectos, que se vio impedido por el aislamiento, pero también exacerbado por el acercamiento con las personas con las que se compartía el mismo techo. La ansiedad y la depresión se volvieron temas presentes en el lenguaje de todos y afortunadamente se comenzó a voltear a ver a la salud mental como algo necesario y fundamental para poder sobrellevar el día a día. Las redes sociales comenzaron a tomar mayor fuerza que nunca y a su vez a generar mucho contenido sobre temas de salud mental, consejos, talleres y charlas, fueron acercando paulatinamente a la gente a darle importancia a su vida emocional; temas como el amor propio o las relaciones toxicas se volvieron una tendencia en el lenguaje popular.

A raíz de todo esto llegaron a análisis muchos pacientes que quizás jamás lo habían hecho o no habían considerado la necesidad de voltear a ver su mundo interno, la pandemia fue un importante estresor para acudir a tratamiento y en esta ocasión tuvieron que hacerlo en línea. Comenzamos a recibir pacientes e iniciar tratamientos sin ver presencialmente a las personas, todo comenzaba en una pantalla de zoom e incluso existen casos en donde únicamente se contaba con la voz de la persona, al ser vía telefónica.


Llevamos dos años trabajando de esta manera y me atrevería a decir que ningún tratamiento se ha visto afectado o imposibilitado al ser a distancia, en especial por la manera en que trabajamos en psicoanálisis, en donde originalmente de manera presencial utilizábamos el diván , es decir el paciente se recuesta y el analista esta sentado detrás, escuchando , no es necesario vernos cara a cara , sino ir entendiendo a través del discurso, las cuestiones inconscientes detrás de lo que le sucede al paciente; por lo cual hacerlo a través de zoom o vía telefónica no resultó un impedimento.


Sin embargo, me pregunto cuáles serán las cuestiones que facilita esto y cuáles son los obstáculos con los que nos encontramos. En cuanto a las partes que son más fáciles, pienso como ya lo mencioné en un inicio, está en el tema de las distancias y los traslados; hoy en día es fácil poder acudir con un buen analista sin verte impedido por esto, incluso gente que se encuentra en otros países puede acceder a un tratamiento de calidad de manera más accesible o con personas con las que jamás hubieran podido analizarse. Sin embargo, cuando me cuestiono sobre los obstáculos, el primero que me viene a la mente es el hecho de no poder contar con el aspecto físico de la persona; al transcribir las historias clínicas de los pacientes que llegaron en la modalidad a distancia, note que me era muy difícil poder hacer una descripción acertada del aspecto corporal del paciente; sin embargo no es algo que no pueda ser descrito tras nuestra indagación como analistas.


Es cierto que la variable distancia en la relación analítica, algo se pierde: el olor, el compartir los mismos estímulos medioambientales, la ilusión de compartir un mismo ambiente emocional (algunos lo llaman el feeling, la sensación que despierta el lugar), parte de información paraverbal, etcétera. Sin embargo, tanto la necesidad del paciente por comunicar (motivada de manera tanto consciente como inconsciente) como la autoimpuesta obligación correspondiente del analista por comprender al paciente, fuerzan a ambos a encontrar nuevas formas de simbolización para transmitir y percibir algún equivalente aceptable con los medios a su alcance.


Es importante mencionar que en el análisis en el que se utiliza la tecnología, el paciente debe hacerse cargo de la infraestructura, es decir buscar un espacio en donde se pueda mantener la privacidad, la ausencia de distractores para poder entrar en contacto con uno mismo y finalmente el envío del pago.


En el análisis de niños y adolescentes a distancia, también han entrado nuevos elementos importantes que han sido enriquecedores y nos permiten conocer al paciente desde otra perspectiva, muchas veces nos muestran su cuarto, sus mascotas y es una manera de conocer también su mundo interno; así mismo también hemos empleado elementos digitales de juego en las sesiones, ya que estos forman parte de la vida actual de los niños , como lo es el compartir pantalla y dibujar en conjunto a través de zoom o la posibilidad de que te puedan compartir videos de YouTube, Tik Tok , Instagram, etc. sobre temas que a ellos les significan o les interesan; o incluso poder llevar a cabo la sesión de juego, tal como se hacia con los juguetes en el consultorio , pero a través de plataformas de videojuegos como Roblox, en donde uno puede analizar muchas cosas, desde el tipo de videojuego que eligen, el avatar que los representa y como interactúan dentro de este y también con el personaje que uno utiliza como analista.


Actualmente estamos estableciendo nuevas modalidades hibridas de tratamiento, en donde se pueda contar con los beneficios de la distancia y lo presencial; hay personas que han llegado buscando un tratamiento presencial y una vez probando la eficacia del hacerlo a distancia, han optado por mantenerse en ello. No obstante , considero que aunque los tratamientos se lleven a cabo a distancia, siempre será muy enriquecedor el poder tener algunas o alguna sesión presencial, siempre y cuando se pueda hacerlo, para establecer ese vinculo de confianza con el analista, tan importante para que funcione el tratamiento.








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